domingo, 1 de octubre de 1972

ENTREVISTA A RAÚL ALFONSÍN Y RICARDO BALBÍN - 1972

REVISTA EXTRA - AÑO VIII - Nº 87 - OCTUBRE 1972
PIENSAN IGUAL, PERO ESTAN EN CONTRA
Entrevista a Raúl Alfonsín y Ricardo Balbín


Una pugna preelectoral interna que logró crear expectativa nacional. EXTRA se ubicó en la hipótesis de que ambos ya son Gobierno. ¿Qué harán? Alfonsín y Balbín dan sus plataformas que llevarían a la práctica desde el poder. Las líneas generales son similares, pero la pugna por la candidatura está dividiendo al radicalismo. Intentando responder sobre quién será el ganador el 26 de noviembre, se publican tres mapas electorales: cómo piensan los balbinistas que será el resultado, la opinión del sector alfonsinista, y un tercero, tomado de observadores "de afuera"


Raúl Alfonsín: "Ricardo Balbín es el político que más ha influido sobre mí"

Extra: Alfonsín, ¿cómo y cuándo empezó a moverse en el mundo político?

Raúl Alfonsín: Yo empecé en la provincia, en Chascomús, cuando recién se comenzaba a formar el Movimiento Intransigencia y Renovación.

Extra: ¿Comenzó de abajo?

Alfonsín: Sí. Bien de abajo.

Extra: ¿Es bueno para un político comenzar de abajo?

Alfonsín: Sí, claro.

Extra: ¿Cuál era el líder en aquellos momentos en que usted comenzaba? ¿A quién seguía?

Alfonsín: Seguía a Balbín. Creo que ése fue el mejor momento de la carrera política de Balbín.

Extra: ¿Cómo es su familia?

Alfonsín: Mis padres son comerciantes. Tienen de esos negocios de ramos generales que siempre hay en los pueblos.

Extra: ¿Cuántos hermanos son?

Alfonsín: Yo soy el mayor, tengo 45 años. El menor Guillermo, tiene 30 años.

Extra: ¿Se ven seguido? ¿Comen juntos? ¿Se encuentran?

Alfonsín: Vivimos separados pero nos vemos muy seguido. Fundamentalmente porque solemos trabajar juntos, especialmente con mi hermano, que es ingeniero agrónomo.

Extra: ¿Cuántos hijos tiene?

Alfonsín: Tengo seis hijos. El mayor, de 22, y el menor, de 16. Y también ya tengo una nieta: Rosario.

Extra: Durante la época de Sabattini se manejaba una propuesta entre los radicales y el peronismo: que la presidencia estaría ocupada por los peronistas y el resto lo cubriría el radicalismo. ¿Qué recuerda usted de esa propuesta? ¿Cuál era su posición?

Alfonsín: Todas las explicaciones sobre aquellos momentos pasan por un eje mayor: la guerra. Había una oligarquía, que era aliadófila. Y había, también, un movimiento germanista. Todos mirábamos hacia fuera. Entonces no mirábamos en argentino. Y, además, estaba el Ejército, que apoyaba a Perón.

Extra: ¿Cuándo lo vio así? ¿Cuándo se dio cuenta de esto?

Alfonsín: Fue con el transcurso del tiempo. No se dio de golpe. Para darme cuenta de eso me hizo falta la autocrítica, la duda.

Extra: ¿Cómo ve el peronismo, al peronismo-gobierno?

Alfonsín: El peronismo falseó el esquema democrático. Pero no se puede negar que también hizo cosas muy importantes y muy buenas.

Extra: Ustedes combatieron al peronismo. ¿Podríamos decir que hay quienes lo combatieron por sus aciertos?

Alfonsín: Sí. Es cierto. No podemos negar que tuvimos malos socios.

Extra: ¿Qué sintió cuando cayó Perón?

Alfonsín: Un gran alivio. Creí que de allí en adelante podrían cambiarse las cosas que era necesario cambiar. Pero luego vino un gobierno de derecha, que tampoco fue solución.

Extra: ¿Qué pasó durante estos diecisiete años?

Alfonsín: Ocurre que Perón sigue existiendo. Y Perón existe no sólo por los errores de sus adversarios, sino también por las circunstancias mismas del país. Se trató de una época distorsionante. La lucha por el Poder se impuso a la ejecución del Poder. Y así se produjo una deformación de la democracia, de la política misma.

Extra: ¿Un pequeño test?

Alfonsín: Como no.

Extra: ¿Liberal?

Alfonsín: Ni lo soy ni me gusta.

Extra: ¿Qué haría?

Alfonsín: Discutiría con él, trataría de convencerlo.

Extra: ¿Hippie?

Alfonsín: No. Lo miraría pasar. Es una manera de vivir. Nada más.

Extra: ¿Juventud? Pero una juventud que lo enfrenta, que le discute...

Alfonsín: Me gusta. Discuto con ellos y me parece bien discutir con ellos. Eso sí: siempre y cuando no vengan con estereotipos. Allí ya no me gusta.

Extra: ¿Libertad?

Alfonsín: Sí, claro. Creo en la libertad.

Extra: ¿Y con respecto a sus hijos? ¿A qué los obliga?

Alfonsín: Creo que a nada. En todo caso los entusiasmo, que es la manera que tienen los padres de obligar.

Extra: ¿Con sus hijas mujeres es igual que con los varones?

Alfonsín: Con mis hijas se entiende más mi mujer. Pero de todos modos creo que soy igual con los dos. Les doy una gran libertad.

Extra: ¿Cuál es el personaje político que más influyó en usted?

Alfonsín: Sin dudas, Balbín.

Extra: ¿Quién o quiénes son los que más lo ayudan en su vida política?

Alfonsín: Sobre todo, mis amigos de Chascomús.

Extra: ¿Fue militante universitario?

Alfonsín: No, nunca. Yo ya actuaba en el partido, pero nunca milité en la Universidad.

Extra: ¿Le dejó alguna marca especial el peronismo, alguna huella?

Alfonsín: El peronismo no me dejó marcado. No puedo, no se puede mezclar lo político con lo personal. Si así lo hiciera, no serviría como político.

Extra: ¿Por qué molesta tanto la pregunta sobre la lucha interna del radicalismo?

Alfonsín: Lo importante está en otra cosa. Lo importante está en que si yo pierdo no pienso en retirarme del partido. Voy a seguir trabajando para el radicalismo. Lo importante es el partido. Y supongo que Balbín hará lo mismo. Y, además, es fundamental comprender que hay grandes coincidencias entre Balbín y yo, coincidencias fundamentales.

Extra: ¿Usted es ambicioso?

Alfonsín: No, no soy ambicioso. Si fuera ambicioso hubiera elegido otro camino.

Extra: ¿Usted sabe qué hacer con el país si lo nombran presidente?

Alfonsín: ¡Por supuesto! Estoy seguro de qué es lo que hay que hacer con el país. ¡Esto, no! En el país hace falta un cambio, y yo sé cuál es. Vea, en el país va a haber cuatro proyectos políticos: a) El proyecto continuista que no es viable. Ese proyecto continuista, a mi entender, está políticamente representado por la Nueva Fuerza. b) El proyecto desarrollista, que agita banderas aceptables, pero que difícilmente cumplan. c) El proyecto socialista ultra, que incluye la nacionalización de todos los medios de producción, la banca, etc., y que en nuestro país no tiene sentido. d) El proyecto de Liberación Nacional, que es el de los radicales. Se trata de la democracia social y del cambio democrático. Este proyecto propone romper con la dependencia, en lo externo, y terminar con la colonización en lo interno.

Extra: ¿Qué es lo que piensa hacer con el divorcio, por ejemplo?

Alfonsín: Este es un problema que está incluido dentro del proceso de liberación. Y con respecto a él, respetaremos lo que diga el Congreso.

Extra: Pero... ¿usted sabe que en nuestro país hay 2 millones de parejas divorciadas?

Alfonsín: La cifra me parece un poco alta.

Extra: Está basada en el último estudio que se hizo, un estudio muy serio. Hay jueces que, por ejemplo, atienden de doce a quince casos de divorcio (de mutuo consentimiento) por día.

Alfonsín: Debo confesar que no sabía la magnitud de este problema. Desde ya me comprometo a estudiarlo y a darle una respuesta y una solución. Pero es realmente asombroso. Esto es una indicación más de que estamos viviendo en una época regida por la crisis de la pareja.

Extra: ¿Qué va a hacer su gobierno con la Universidad?

Alfonsín: Nosotros vamos a hacer que la enseñanza obligatoria sea tan eficaz como lo es el servicio militar. Pero creemos que el problema más grave está en la enseñanza primaria, en donde la deserción alcanza niveles decididamente inaceptables. Algo similar ocurre en la enseñanza secundaria. Y desde luego esto responde a problemas económicos. En cuanto a lo universitario, nosotros somos partidarios de la reforma. También, del gobierno tripartito, de la universidad autónoma.

Extra: ¿Y el problema de la guerrilla? Es muy probable que continúe...

Alfonsín: Bueno... Yo sería drástico con la guerrilla.

Extra: Si usted es elegido presidente y Perón decide venir, ¿qué pasa?

Alfonsín: Si Perón quiere venir no va a tener ningún problema. Y va a tener todas las garantías de un ciudadano.

Extra: ¿Y si ocurriese que las Fuerzas Armadas se le presentaran para sugerirle o pedirle que no dé amnistía a los guerrilleros, ¿qué haría?

Alfonsín: Ese es un problema más del Congreso que del presidente. Pero de todos modos debo decirle que no sería aceptada ninguna intervención.

Extra: ¿Nacionalización de los depósitos o nacionalización de la banca?

Alfonsín: La tónica de este problema debe estar en evitar que el ahorro interno sea canalizado hacia el exterior y utilizado en beneficio de intereses que no son los nuestros.

Extra: ¿Las Fuerzas Armadas tendrán que limitarse a tener sus ministros en el futuro gobierno?

Alfonsín: Deberán servir al esfuerzo de construir una plataforma de despegue para el país. Este trabajo no es patrimonio de ningún sector, ni tampoco puede ser monopolizado.

Extra: ¿Y las empresas que ahora están en manos militares, cambiarán de administración?

Alfonsín: El asunto se divide entre buenos y malos administradores.

Extra: Pero ahora hay empresas del Estado que tradicionalmente están en manos militares...

Alfonsín: Para asumir el Poder partimos de la base de que vamos a tener todo el poder; no nos interesa ejercer el gobierno sin poder. Eso incluye no aceptar imposiciones ni planteamientos previos de ninguna clase.

Extra: ¿Estaría de acuerdo con la posibilidad de que su gobierno sea compartido con otros sectores políticos?

Alfonsín: Nuestro proyecto de liberación nacional va a agredir, seguramente, a poderosos intereses, que se van a oponer. Vamos a necesitar una democracia fuerte. Luego de producidas las elecciones, y previo acuerdo sobre un plan mínimo, vamos a recabar la colaboración de otros sectores.

Extra: ¿Usted habla de compartir el gobierno con el Poder Legislativo?

Alfonsín: Exactamente.

Extra: ¿Le disgustaría un gabinete de coalición?

Alfonsín: No me importaría que mis ministros fueran de otros partidos siempre que se tratase de gente idónea en su materia.

Extra: ¿Lo afectaría que su partido estuviera en minoría en las cámaras?

Alfonsín: Lógicamente, no me gustaría estar en minoría.

Extra: Ese es un peligro de la doble vuelta, si ésta se reduce a la fórmula presidencial.

Alfonsín: Creo que estos días se está discutiendo el problema.

Extra: ¿El capital multinacional, se aceptará? ¿En qué condiciones?

Alfonsín: Habrá un régimen para el desempeño de las empresas extranjeras. Su permanencia en el país será permitida siempre que lo sirvan.

Extra: ¿Para usted IAPI es mala palabra?

Alfonsín: Consideramos que organizado el comercio exterior se va a invertir el déficit en la balanza de pagos. IAPI no es mala palabra, pero tampoco es la única forma de lograr el objetivo. También se deben utilizar la Junta Nacional de Carnes y la Junta Nacional de Granos adecuadamente, complementando su acción con el funcionamiento del Banco de Importación y Exportación.

Extra: ¿Y con las tierras no productivas, qué va a hacer?

Alfonsín: Por lo pronto, instaurar el impuesto a la renta potencial de la tierra.

Extra: ¿Cree que es importante la función de las cooperativas?

Alfonsín: Las cooperativas son un arma fundamental para nuestro futuro económico. Considero que tendría que haber educación cooperativa en las escuelas.

Extra: Frente a las inflación, que es una estafa al salario y al capital, ¿qué?

Alfonsín: No puede ni siquiera discutirse que la inflación responde a causas estructurales. Por eso deben darse soluciones de fondo para resolver este problema. Superando la actual coyuntura terminaremos con el desempleo; el resto está en empeñarse en la defensa del salario real. Por lo pronto, nosotros, como primera medida, vamos a poner en vigencia el salario mínimo vital y móvil.

Extra: ¿Tiene pensada una moratoria impositiva?

Alfonsín: Ese tema todavía lo estamos considerando.

Extra: Hasta nosotros llegan muchas veces jóvenes que obtienen su título secundario, se capacitan, pero luego nadie les da trabajo porque, se les dice, no tienen experiencia anterior. ¿Qué va a hacer Alfonsín por esos muchachos que se sienten frustrados apenas quieren comenzar?

Alfonsín: Eso también está sólidamente ligado al proceso económico. En cuanto se logre que el país crezca, automáticamente aumentará la demanda de mano de obra y estos muchachos obtendrán su oportunidad. Además, habría que examinar cada caso en particular; a veces hay errores de orientación vocacional que convendría tomar en cuenta.

Extra: ¿Qué opinaría usted si las elecciones que lo acceden al poder llevan implícita la proscripción de algún sector?

Alfonsín: Aspiro a triunfar en un proceso limpio. Si hay proscripciones, no acompañaré al acto electoral.

Extra: ¿Cuál es la medida que, aunque lo presionaran fuertemente, se negaría en todo momento a firmar? ¿La de ordenar fusilamientos?

Alfonsín: Eso nunca lo aceptaría; además, si lo hiciera, estaría vulnerando la ley.

Extra: ¿Qué otro ejemplo puede darnos?

Alfonsín: Me negaría a firmar cualquier medida que comprometiera el futuro del país.


Ricardo Balbín: “Las FF.AA. nos echaron del Poder. Pero ellas no nos devolverán el Gobierno. Será el pueblo o no será”.

Extra: ¿Qué va a hacer usted -por supuesto en el Gobierno- con la Universidad?

Ricardo Balbín: Estoy seguro que el gobierno tripartito es el más eficaz y la Universidad debe ser integrada sobre una base auténtica. No como ahora, que está desnaturalizado. La autonomía universitaria, la participación del estudiantado en el gobierno de la Universidad, con el régimen que trajo la Reforma, permite conocer en verdad la orientación de la juventud, porque el voto es obligatorio, de modo que el estudiante que no vota no da examen. Entonces, el cuerpo integral del estudiantado es el que participa en la lucha y la determinación. Ahora, en cambio, minorías que son el fondo antirreformista crean está falsa imagen de la universidad anarquizada.

Extra: ¿Qué reformas haría, globalmente, en la educación?

Balbín: Creo definitivamente en el afianzamiento de la escuela pública. Aquí ha habido una derrota indirecta de la escuela pública, que es la infraestructura; un designio de matarla de abajo para arriba, inferiorizando el ámbito físico de desarrollo. La educación pública ha sido totalmente abandonada, deteriorada. Está demostrado que la enseñanza privada no va a los lugares de real necesidad, sino que se ubica en las zonas ricas. La orientación será ir reduciendo al mínimo el aporte del Estado y afianzar la enseñanza pública. Esto también determina una modificación en los planes de estudio, porque no hay que dejar sorprender a una juventud futura con los problemas que deben advertirse desde ahora. El mundo tecnológico va requiriendo prepararse. Pienso que el Estatuto del Docente debe modificarse porque da ventajas a la enseñanza privada sobre la pública. Por ejemplo, para la designación de maestros se tienen en cuenta los puntajes; está demostrado que en las escuelas privadas el puntaje es más alto que en las públicas, lo que implica salir con ventaja.

Extra: Se estiman en dos millones las parejas que están ilegalmente unidas. ¿Qué van a hacer los radicales con el divorcio?

Balbín: El hecho de la existencia de este tipo de parejas está marcando una novedad. Está situación se advertía más en el interior del país y en las zonas más enrarecidas; ahora se han multiplicado los efectos. Se han trasladado. Sobre el divorcio, el partido no se ha pronunciado nunca. No creo que está convención lo haga, razón por la cual hay una cierta libertad de decidirse.

Extra: ¿Cuál es su posición personal sobre el asunto?

Balbín: Yo tengo una filosofía muy especial, que a alguna gente joven le puede parecer regresiva. Advierto que el mundo se descompone un poco, y lo admito, pero creo que es irreversible y va para adelante. Cuando este proceso, que puede tener exageraciones, se acentúa, el poner diques y no barreras infranqueables es inútil al medio social. Si tuviera algún reparo, no se refiere a la institución, sino que es una pequeña valla que se tiene que saltar para esto que yo denomino "una liberación prematura" de la juventud argentina. Si fuera una necesidad social el divorcio, tendría mi apoyo. Si advirtiera que éste no es un reclamo vigoroso y serio, atendería estas razones. No me pongo ni en lo uno ni en lo otro, ni quiero ser ecléctico. Explico mi estado de ánimo.

Extra: ¿Qué va a hacer usted como presidente contra la violencia, si es que ésta sigue?

Balbín: Yo he sido violento; cuando he tenido que luchar con dureza he tomado la tribuna y he dicho con atrevimiento y agresión tantas cosas como hubo que decir. Hemos pasado etapas muy duras, donde a la agresión había que responder con agresión. Está es una cosa. Si hay un estado de injusticia, el afectado tiene derecho al reclamo. Si no se escucha al afectado, éste hace un acto violento para llamar la atención; esto está plenamente justificado. No creo que exista violencia de abajo si no está promovida por la injusticia realizada de arriba. Dentro de está violencia lógica, aparece la otra, la ideológica, la subversiva, la que oculta sus jefes e ideología, porque sabe que es contraria al pensamiento natural del país. Puede ser un nacionalismo de extrema derecha, como puede ser de extrema izquierda, que, si les miramos las espaldas, se están dando la mano por atrás. Si tomamos la biografía de los prófugos, no advertimos contenido obrero, si no más bien vemos que estos jóvenes provienen de hogares pudientes.

Extra: ¿Cómo va a neutralizar esa violencia?

Balbín: Primero hay que liquidar los actos que determinan la injusticia. Conducir la economía dándole un sentido igualitario, reestructurar el país dándole un sentido nacional auténtico para enfervorizar al hombre argentino. Escuchar los reclamos legítimos y resolverlos; de está manera circunscribimos la subversión a sus escasos límites exactos. No creo que la presencia de un gobierno civil termine con esto, porque no es solamente en la Argentina, sino en casi toda Latinoamérica. Circunscripta, no se transforma en este peligro que puede multiplicarse frente a una gravitación de la injusticia.

Extra: ¿Qué áreas de poder quedarían en manos militares?

Balbín: Habría que establecer algo antes que nada. Ustedes mismos se habrán preguntado: ¿De qué vale alcanzar el poder si después no le gusta a la gente de armas y sale de nuevo de los cuarteles? No vivo con tanta simpleza el asunto. Las FF.AA. son una institución necesaria, ubicada en su justo límite. Lo que debe ocurrir es que deben participar del Gobierno, como fue tradicionalmente y el país anduvo bien. En otras épocas estaban los ministros militares, responsables, iguales que los otros ministros, que manejaban su área y participaban del Gobierno. Hay que volver a este sistema, porque de la otra manera no hay participación evidente.

Extra: De 34 empresas del Estado, 28 están en manos de las Fuerzas Armadas. ¿Si usted modifica está situación después de llegar al Poder, se puede considerar una agresión?

Balbín: Pierde jerarquía el presidente. Si su presencia en la Casa de Gobierno está condicionada a que tolere algo que no debe tolerar, mejor que no vaya. En este país, después de todo lo que ha pasado, el presidente debe llegar a resolver problemas, y si lo hace con miedo va al fracaso.

Extra: Resulta sorprendente que las Fuerzas Armadas, que lo sacaron violentamente del Poder, ahora están dispuestas a devolvérselo. ¿Qué pasa en el espíritu militar?

Balbín: Si hubiera sido en razón de las personas, pudiera ser que fuera válida su pregunta. Illia llegó al Gobierno como expresión mayoritaria del colegio electoral. Las FF.AA. llegaron sin un voto, por propia determinación. No son, por lo tanto, ahora ellos los que determinan qué fisonomía llega; si se acepta la urna, es el pueblo el que decide. Las FF.AA. nos echaron del Poder. Pero ellas no nos devolvieron el Gobierno. Será el pueblo o no será.

Extra: Pareciera que hay nueva actitud en lo que hace a lo radical a partir de 1966 hacia acá. Algo que tiene mucho que ver con la llamada intransigencia radical. Eso se vio bien en la presidencia del doctor Illia. Ustedes llegaron al Poder con sus personas y con sus ideas, y así decidieron gobernar y así lo hicieron. En cambio usted ahora habla permanentemente de las coincidencias, de abrirse hacia otras ideas e inclusive de aceptarlas.

Balbín: El problema de la intransigencia surge con el nacimiento mismo del partido. Y allí se deja claro que esa intransigencia es con respecto a sus principios, a los principios esenciales del partido. Pero de todos modos: ¿cuándo no fue así? ¿Qué partido no ha gobernado solo? Todos gobernaron solos, sin participación de nadie. De esto, claro, nadie se acuerda.

Extra: Claro, pero para empezar, los partidos que llegaron por las urnas fueron pocos. Por otro lado, se encuentra el caso de Frondizi, de quien aquellos que más se critica, justamente, es que gobernó demasiado con los demás.

Balbín: No, porque él se cambió. Tuvo una prédica y una doctrina, y tenía que haber gobernado con eso, pero se cambió. Lo que pasa es que él gobernó realmente con los suyos. Pero está pregunta es muy importante y hay que dejarla más clara. Yo creo que, si realmente lo que se quiere es hacer un avance a la altura de los demás en el mundo, esto no lo podrá hacer uno solo.

Extra: Más allá de esas coincidencias mínimas, también se encuentra el problema de la posibilidad de gobernar juntos. Dentro de lo que es hoy la vida interna del Partido Radical, ¿sería posible aún la aceptación de una fórmula mixta con el peronismo?

Balbín: Yo creo que el secreto no está en lo que se llama la fórmula presidencial. El secreto está en el Parlamento. No importa, no tiene sentido que la fórmula sea mixta o unitaria. Después de todo el vicepresidente es el vicepresidente... En pocos países del mundo tiene un rol. Acá, por ejemplo, se le da el de presidente del Senado. En otras partes está de guardia por si le pasa algo al presidente. Por eso insisto en que el problema pasa por el Congreso. Si allí se vota una ley por mayoría, eso hace imposible el veto del presidente si éste sintoniza realmente el sentir popular. Volviendo, creo que todos los partidos estamos caminando del mismo modo, todos estamos proclamando nuestros candidatos, todos manteniendo nuestra individualidad y encontrando las coincidencias. Sólo si se diera algún factor excepcional, o algo que pusiera en peligro real la institucionalización del país, entonces allí habría que ver cuáles serán las medidas necesarias para continuar el proceso.

Extra: ¿Cuál va a ser su actitud ante las cooperativas?

Balbín: Nosotros prestigiamos el régimen cooperativo.

Extra: ¿Va a haber leyes de fomento?

Balbín: Sí. Además lo vamos a sostener en el programa partidario que va a dar la convención.

Extra: ¿Se van a nacionalizar los bancos o se van a nacionalizar los depósitos?

Balbín: Nosotros somos partidarios de nacionalizar el crédito. Que los bancos extranjeros se manejen con sus propios recursos y que no se abran más bancos extranjeros ni que se habiliten más sucursales.

Extra: ¿Perón podría volver a la República si usted es elegido presidente? ¿Eso no podría ser una fricción con las Fuerzas Armadas?

Balbín: No. Hay que terminar de una vez con estas cosas en el país, definitivamente. Yo no tendría ningún inconveniente.

Extra: ¿Si como condición para la entrega del Poder le piden que no se dé amnistía a ninguno de los condenados por el fuero antisubversivo, usted aceptaría esa condición?

Balbín: No. Me remitiría a la voluntad del pueblo a través de sus representantes en el Congreso. Pero éste no es un problema que pueda ser solucionado con una pregunta y una respuesta. El que alevosamente ha matado, yo no creo que pueda ser amnistiado.

Extra: ¿Se aceptarán capitales extranjeros? ¿En tal caso, bajo qué condiciones?

Balbín: No. Lo que pasa es que acá todavía no se sabe cuál es la verdadera influencia del capital extranjero en el país. Acá todo se ha hecho con el ahorro nacional.

Extra: ¿Entonces usted cree que tenemos el suficiente ahorro interno como para desarrollar una industria coherente?

Balbín: No, yo creo que no, para algunas cosas. A lo que yo aludo es que el aporte exterior se eleva al 5%, y en estos momentos seguramente es menor. Todo lo demás se hace sobre la base del ahorro nacional.

Extra: Pasando ahora al problema de la lucha interna del radicalismo... Por momentos nos da la sensación de que tanto a usted como a Alfonsín los irrita el hecho de tener que contestar preguntas acerca de los problemas de fondo, de las diferencias básicas. O en todo caso enfatizar demasiado en que no hay grandes diferencias. Y eso no pasa en casi ningún partido.

Balbín: Yo creo que esto no pasa en ningún partido. La verdadera novedad del radicalismo se encuentra en su lucha interna. Yo, cuando contesto la pregunta lo hago con mucha honradez. Siempre, en nosotros, desde nuestros puestos dentro del partido, hubo una total y absoluta coincidencia. Hablamos el mismo lenguaje, usamos los mismos conceptos.

Extra: ¿Entonces las diferencias serían de nombre y apellido?

Balbín: Yo más bien diría que el secreto del asunto debe estar en los años. Porque de algún modo se ha pretendido hacer algo así como una tragedia de los problemas generacionales. Y aquí sí eludo, porque parece que me defiendo. Yo también tengo concepto de renovación. Renovación dentro del radicalismo es, por ejemplo, sentarse a la misma mesa con aquellos personajes con los cuales siempre hemos luchado. Entonces a la pregunta sobre cuál es la diferencia, respondo que la diferencia parte de ese sentido de renovación, que no es realmente así. Yo me atrevería a hacer el comicio interno sobre la base de hombres hasta treinta años. Pero es que no creo que esto dé la solución.

Extra: Cuándo usted fue candidato a presidente por primera vez, ¿qué edad tenía?

Balbín: Tenía 47.

Extra: Casi la misma edad que Alfonsín... Por fin, ¿usted cree que el país está preparado para las elecciones? ¿No lo ve un poco neurótico?

Balbín: Por eso mismo hay que apurarse. Para que no se vuelva loco el país. Por ahora está neurótico...
Bernardo Neustadt

.....................................................................................................


Si desea enviar un mensaje a Bernardo Neustadt puede hacerlo escribiendo a bernardo.neustadt@gmail.com

sábado, 1 de julio de 1972

ENTREVISTA A RICARDO BALBÍN - 1972

REVISTA EXTRA - AÑO VIII - Nº 84 - JULIO 1972
LOS RADICALES NO HACEN LA VENIA
Entrevista a Ricardo Balbín


En este mes, los principales partidos políticos argentinos conjugaron su vida partidaria. Se dieron sus autoridades. Los jefes naturales volvieron a liderar -lógico es- cada proceso. Ricardo Balbín, Juan Perón y Arturo Frondizi surgieron como caudillos para "la vida que viene". Uno, el que encabeza el partido político más orgánico de la Argentina, Ricardo Balbín, nos contestó seis preguntas, que van definiendo la línea de su estructura. Aunque mucho más la esclareció, obviamente, el pronunciamiento de la Convención Radical: en términos políticos, la individualidad (algunos la llaman ortodoxia radical), y en términos económicos, concretas medidas que alterarán algunos rostros.

Requerido por EXTRA en temas singulares, Ricardo Balbín contestó así:

Extra: ¿El presidente, a su entender, hace proselitismo en sus reiteradas visitas al interior?

Ricardo Balbín: Mirado desde el punto de vista de una acción política, todo permitiría suponer que esto es así. Sólo cuando se digan palabras definitivas, se podrá dar una respuesta definitiva que más que nuestra propia palabra u observación dependerá de las claras y definitivas que se den en el ámbito oficial.

Extra: Muchos argentinos independientes o enrolados, entienden que una conjunción radical-peronista o peronista-radical le daría al movimiento político triunfante 8 millones de votos y que este sería el Gran Acuerdo Nacional Auténtico (GANA) que no necesitaría venia militar. ¿Puede darse en su partido, Ud. que conoce sus intersticios más recónditos?

Balbín: Ninguna solución puede ser la consecuencia de una venia militar, porque disminuiría la jerarquía moral de quien resulte presidente. Naturalmente la gente del pueblo preocupada, angustiada o sectores interesados manejan una cantidad de hipótesis (algunas naturalmente posibles y otras imposibles). Nosotros custodiaremos nuestra personalidad política porque creemos en la democracia representativa y en nuestra propia filosofía política. No hay en ello ningún tipo de vanidades. Seguiremos, lógicamente, este camino. Y si algunas modificaciones pueden existir, a mi juicio será exclusivamente la de buscar coincidencias para una convivencia en paz. Todo cuanto se diga es adelantar opinión para un tiempo que todavía no estamos viviendo.

Extra: ¿Tendría Ud. un encuentro con Perón para discutir el proyecto de país y estrategia electoral por seguir?

Balbín: Reiteradamente he manifestado que nuestro diálogo está abierto en todas las direcciones y es natural que si el señor Perón estuviera en el país (cosa que no descarto) para mí no sería inconveniente abrir también ahí el diálogo.

Extra: Si algún argentino, Arturo Ilia o Juan Perón, fuera vetado, ¿su partido concurriría al comicio?

Balbín: En documentos partidarios y otros subscriptos en coincidencias con otros partidos hemos condenado la proscripción y el veto. Naturalmente, y en esto adelanto un pensamiento personal, la Argentina no encontrará su participación total y la institucionalización segura si no queda integrado el cuerpo electoral de la República.

Extra: Las abstenciones generosas de Lanusse y Perón, o de cualquier otra figura urticante, ¿serían útiles?

Balbín: Si lo hacen al servicio de lo útil, sí. Pero declaro que me repugnan las proscripciones por cuanto tienen todos el mismo derecho, que deben manejar de acuerdo a su libre voluntad. Para mí, por ejemplo, el alejamiento del señor Lanusse de la aspiración presidencial no importa una autoproscripción sino una contribución que da claridad a la convocatoria que se avecina.

Extra: Si el candidato debiera ser extrapartidario o militar para calmar inquietudes militares y tratara de ser impuesto, alegando que en caso contrario no habría urnas, ¿qué haría su partido?

Balbín: Esta pregunta entra directamente en el ámbito de los acondicionamientos. Nosotros la rechazamos. La solución debe ser verídica, espontánea y natural. Todo cuanto se haga en contrario es artificial y poco duradero y todos debemos ayudar que la consulta sea clara, si es que queremos un resultado feliz. La solución es de abajo para arriba y se logrará en el seno del pueblo y en la actitud clara y libre de los partidos políticos. Yo no creo en los peligros del futuro. Todos hemos aprendido demasiado como para saber ser leales a lo que surja de la urna sin condicionamientos.

Extra: ¿Qué le diría a los argentinos que creen que los comicios no son solución y siguen buscando una revolución por el camino militar?

Balbín: Que están profundamente equivocados. El sufragio es el único instrumento de la democracia y además le otorgó el sentido de ser decididamente revolucionario, en cuanto éste signifique la capacidad de modificar, reestructurar y actualizar las soluciones argentinas al tenor de los problemas actuales que no sólo se agitan en nuestro país, sino en el mundo entero. Es lógico que la sociedad busque recuperar todo cuanto no se hizo y rectificar lo que se hizo mal, con el fin de lograr una sociedad más igualitaria, más equilibrada y que se dé idéntico tratamiento y posibilidades a todos los hombres cualquiera que sea la tierra donde pisan, el idioma que tengan o el color que los diferencia.


Esto decidió la convención

Estos son los puntos más importantes que estableció la Convención Nacional del radicalismo. La "barra" -integrada por alfonsinistas- los consideró "flojos".

En lo político: Oposición a la proyectada reforma constitucional. Negativa en participar en acuerdos y frentes electorales. Levantamiento inmediato del estado de sitio, libertad de presos políticos y gremiales. Derogación de las leyes represivas. Elecciones inmediatas sin condicionamientos, acuerdos o proscripciones.

En lo económico: Política independiente de los dictados de los organismos internacionales de créditos. Nacionalización de los recursos energéticos. Monopolio estatal de los hidrocarburos. Limitaciones para el uso de créditos por parte de empresas extranjeras. Nacionalización del crédito y prohibición de instalación de empresas bancarias, financieras y aseguradoras extranjeras. Agresiva política de exportación hacia mercados no tradicionales. Estímulo para las economías regionales. Aplicación de una economía social alejada del sistema liberal-capitalista. Proscripción de los latifundios inexplotados.

Educación y cultura: Orientación humanística que forme al ciudadano en la democracia. Enseñanza laica, común, gratuita y obligatoria. Control de la enseñanza privada y monopolio estatal para otorgar diplomas. Vigencia del Estatuto del Docente. Anular la reforma educativa actual. Nuevas normas de protección al menos, educación del adulto y estatización de las escuelas para diferenciados.

Bernardo Neustadt

.....................................................................................................


Si desea enviar un mensaje a Bernardo Neustadt puede hacerlo escribiendo a bernardo.neustadt@gmail.com

lunes, 1 de mayo de 1972

ENTREVISTA A RICARDO BALBIN VERSUS RAUL ALFONSIN - 1972

REVISTA EXTRA - AÑO VII - Nº 82 - MAYO 1972
RICARDO BALBIN VERSUS RAUL ALFONSIN
Reportaje paralelo a los líderes de una ejemplar pugna electoral


1. ¿Cuál es la diferencia entre La Hora del Pueblo y el Frente Cívico de Liberación Nacional?

Ricardo Balbín: No pueden marcarse diferencias entre dos cosas que no pueden compararse. La Hora del Pueblo es una coincidencia al servicio de lograr la institucionalización y define pautas económicas-sociales y educacionales de suma utilidad para marcar rutas de futuro y demostrar que se puede, sobre la base de ideas esenciales, dar seguridad al reclamo de una democracia social y vivir en ámbitos de sana convivencia y mutua colaboración. Reitero que nunca en su seno se trataron aspectos vinculados al proceso electoral. El Frente Cívico al que alude la pregunta, hasta hoy aparece como un enunciado, definido de muy distintas maneras, de ahí que no sea posible hacer comparaciones.

Raúl Alfonsín: La Hora del Pueblo nació como una coincidencia de partidos políticos para lograr objetivos comunes, referidos fundamentalmente a unir los esfuerzos populares para obtener un rápido retorno a la normalidad institucional. Las distintas agrupaciones, asimismo, han acordado puntos mínimos programáticos que se comprometen a respetar y apoyar, ya sea desde posiciones de gobierno o de oposición. Estas coincidencias no afectan en absoluto la individualidad de cada uno de los partidos. Sobre el llamado Frente Cívico de Liberación Nacional es poco lo que se sabe; en realidad, no pasa mucho más allá de un confuso enunciado. Presencias como las de Frondizi y Frigerio en su gestación permiten, por otra parte, abrigar serias dudas sobre sus verdaderas motivaciones.

2. ¿Alguna de ellas es la continuación del Gran Acuerdo Nacional?

Balbín: La Hora del Pueblo no es ni principio ni continuación de lo que se ha dado en llamar Acuerdo Nacional. Acuerdo Nacional es una expresión oficial, supongo que es un llamado a la responsabilidad y madurez del conjunto nacional, que termina en la "urna" respetada, a la cual el pueblo que decide debe llegar rodeado de garantías y libre de acondicionamientos, seguro de que su voluntad será respetada.

Alfonsín: Con el GAN ocurre algo similar a lo que se acaba de señalar para el denominado Frente Cívico: no pasa mucho más allá de ser un confuso enunciado. Si simplemente se tratase de lograr coincidencias mínimas para asegurar un futuro de normalidad institucional, sin segundas intenciones, lo que La Hora del Pueblo ha hecho en este sentido es mucho y muy positivo.

3. ¿Cómo ve el radicalismo las negociaciones entre el Gobierno y Juan Domingo Perón?

Balbín: Aquí es necesario hacer un distingo. Todo cuanto esté relacionado con hechos, circunstancias y problemas relativos a actos de gobierno con relación a la persona del señor Perón, considero lógico que se resuelvan. Pero si existen, cosa que ignoro y no supongo, negociaciones vinculadas a resolver cuestiones electorales, se afectaría la claridad con que deseamos se cumpla y realice la consulta al pueblo.

Alfonsín: Al radicalismo no le molesta que se hagan esfuerzos en todos los niveles para asegurar la real vigencia de la democracia para todos los sectores de la vida nacional. Si en cambio se realiza algún tipo de tratativas -sean cuales fueren sus protagonistas- tendientes a llegar a acuerdos o pactos a espaldas de la ciudadanía y para burlar o distorsionar la voluntad popular, el radicalismo habrá de denunciarlas y luchará contra ellas.

4. ¿Qué significa que el próximo gobierno sea de transición y consolidación?

Balbín: El próximo gobierno será la consecuencia de la voluntad ciudadana y cumplirá su ciclo de acuerdo a las ideas y soluciones propuestas al país. Tendrá o será el "tránsito" entre lo que está y lo que viene. Creo sí, que si comprende al país y sabe de sus angustias, inseguridades y de los múltiples interrogantes abiertos ávidos de respuesta, será de consolidación, de la necesaria consolidación, que no sólo dependerá de él, sino del conjunto nacional. De ahí que el haber predicado la necesidad de convivir, coincidir o disentir al amparo de la idea central de asegurar la vida de las instituciones y de los cambios en paz, ayuda y mucho para afrontar la gran tarea que reclama el país.

Alfonsín: La pregunta debe estar dirigida hacia quien haya expresado tales intenciones. Para nosotros el futuro gobierno debe ser la expresión de la libre voluntad ciudadana.

5. ¿Cree usted en las próximas elecciones?

Balbín: Con absoluta seguridad. Así lo quiere y lo entiende el país y, dentro de él, todas las instituciones que lo integran. Incluyendo naturalmente a las Fuerzas Armadas. Por lo demás no queda otro camino. Quien intente frustrarlo juega con fuego y no es aventurado afirmar que perecerá en la hoguera.

Alfonsín: Por supuesto que sí. Las futuras elecciones son el triunfo de la permanente lucha popular mantenida durante casi seis años contra todo tipo de opresión o totalitarismo.

6. ¿Cómo se debe presentar el radicalismo a esas elecciones?

Balbín: Con fe y seguridad. Claramente definido y dando respuesta a las inquietudes de la época. Es decir, mostrando su capacidad de realización y su decidido y permanente deseo de servir al hombre y prestigiar las instituciones que lo prestigian y lo protegen. En cuanto a candidaturas, si es que a ello también alude la pregunta, y todo cuanto a ello se relacione, será la consecuencia de sus propias determinaciones.

Alfonsín: El radicalismo debe concurrir al acto comicial como lo mandan su tradición y sus principios, es decir, con su propio programa y sus candidatos, elegidos por el voto directo de sus afiliados.

7. ¿Cómo calificaría usted estos seis años de Revolución Argentina?

Balbín: Llegó arbitrariamente, sin razón y por la fuerza. No resultó de realizaciones sino de retroceso. Introdujo la inseguridad, alteró la economía y la inquietud social. Su balance, espero que sirva de experiencia para el futuro argentino. Esos son caminos que no debemos recorrer nunca más.

Alfonsín: Han sido nefastos para el país, para sus instituciones y para sus habitantes. Pocas veces la historia mundial ha mostrado tanto daño -político, económico, social, educativo, moral, etc.- cometido en tan poquísimo tiempo.

8. ¿Qué papel deben jugar las FF.AA. en el próximo gobierno?

Balbín: El que le asigna la Constitución Nacional y las leyes que rigen la institución. Deben participar del Gobierno e integrar el Gabinete en las condiciones y con las facultades inherentes al cargo, tal como lo indican nuestras reglas constitucionales.

Alfonsín: Atender sus funciones específicas, subordinadas a las que manden los poderes establecidos por la Constitución.

9. ¿Cuál es el panorama interno de la Unión Cívica Radical?

Balbín: Auspicioso. Practicando en este momento su democracia interna para constituir sus nuevas autoridades en todo el país y preparándose para elaborar un programa de realizaciones. Evidenciará que está actualizado en el tiempo con vistas al futuro. Será agresivamente afirmativo.

Alfonsín: El de la UCR es un panorama de vitalidad. La clave de la larga y lozana historia de este partido está en que nunca se ha cristalizado, que nunca se cerró a las nuevas ideas, que siempre supo marchar al ritmo que los tiempos exigían. Así lo vuelve a hacer ahora, en un proceso de debate interno que bien puede ser calificado de ejemplar.

10. a) ¿Qué opina usted del Dr. Alfonsín, con respecto a la pugna electoral que se ha dado entre ustedes?

Balbín: Respondo a las preguntas 10 y 11 juntas. Tenía y tengo del Dr. Alfonsín el mejor de los conceptos. La pugna en la que estamos empeñados no altera mi personal apreciación. He dicho antes de ahora, respondiendo a preguntas similares, que con el doctor Alfonsín durante estos últimos años y muchos anteriores hemos trabajado juntos sin haber mediado diferencias en las ideas. Explico entonces esta lucha como el deseo de cada uno de hacer lo mejor para adelante, ya que nada nos separó en lo que hicimos.

10. b) ¿Qué opina usted del Dr. Balbín, con respecto a la pugna electoral que se ha dado entre ustedes?

Alfonsín: El doctor Balbín tiene una vieja y meritoria militancia radical, que ha culminado con la docena de años que lleva como presidente del Comité Nacional. Pensamos que, sin desconocer tales antecedentes, ha llegado el momento de renovar la conducción, de ampliar las responsabilidades, de agilitar la acción partidaria y de profundizar las definiciones.

11. ¿Cuáles son las causas que los separan en este momento?

Alfonsín: No existen causas que nos separen en este momento. El doctor Balbín decidió aceptar la reelección para la que comenzaron a postularlo, desde fines de noviembre pasado, el señor Julián Sancerni Jiménez y otros grupos de parecidas características al que encabeza el dirigente capitalino, pertenecientes a distintos puntos del país, y aun mismo de la provincia de Buenos Aires. Nosotros, en cambio, creemos en la renovación.

12. ¿Qué factores pueden impedir las elecciones en marzo del 73?

Balbín: Los del resentimiento de algunos o las especulaciones antidemocráticas de los pocos que auspician conducciones de corte totalitario. Sin descontar intereses monopolistas o de penetración exterior.

Alfonsín: El pueblo, que ha logrado la convocatoria electoral, no debe bajar la guardia. Es evidente que existen poderosos intereses, fundamentalmente el imperialismo y sus servidores internos, que buscan impedir la culminación de un proceso que sin duda llevará a las funciones de gobierno -nacionales y provinciales, de oficialismo y de oposición- a las grandes mayorías populares. El proceso de liberación quedará así abierto y los privilegios que serán afectados lo saben; por eso pueden intentar obstaculizar la normalidad de la salida. Pero no tendrán éxito, porque los argentinos no admiten ya más frustraciones ni intentos reaccionarios.

13. ¿Cuáles son las causas de tanta violencia y muerte?

Balbín: Mucho se ha dicho y explicado a este respecto. Se han analizado matices. Se han explicado algunos y se han condenado otros. Pero la causa fundamental radica en la no representación y participación del pueblo en las decisiones que le pertenecen. De ahí que la recuperación en la Ley, mediante el logro de las instituciones de la República, terminarán con la "violencia protesta" y ubicará en su pequeño límite a la "subversiva", que no termina con la institucionalización, ya que actúa en otras partes de Latinoamérica y del mundo, pero le impedirá engordar en el río revuelto.

Alfonsín: No por repetida debe dejarse de lado la referencia a la violencia de arriba y a la violencia de abajo. Lamentablemente, la subversión comenzó el 28 de junio de 1966, cuando fue derrocado el gobierno constitucional. A partir de allí se desató una violencia que enfrentó a los defensores del statu quo con los grupúsculos mencionados en la respuesta anterior. El pueblo argentino permaneció ajeno a esos enfrentamientos, que significaron muerte, secuestro, tortura y otros atropellos a la dignidad humana. Precisamente el respeto de los derechos humanos y ciudadanos, el retorno a la normalidad de la ley sin represiones injustas y la libertad de expresión para todas las opiniones e ideas constituyen ahora fundamento indispensable para la desaparición de la violencia y el imperio de la paz. El pueblo podrá así defender sus derechos y hacerse oír, sin necesidad de tener que acudir -como legítimamente lo han venido haciendo- a la protesta masiva y callejera frente a los muchos atropellos de que, en lo político, económico-social y educacional, ha sido víctima.

14. ¿Qué le pediría hoy al presidente Lanusse?

Balbín: Nada más que el cumplimiento del deber que se ha impuesto en su nombre y en el de las Fuerzas Armadas, cual es el de convocar al país y realizar la tarea con limpieza y sin limitaciones, respetando la voluntad soberana del pueblo.

Alfonsín: A Lanusse y a las Fuerzas Armadas les pediría, simplemente, que cumplan el compromiso adquirido de devolver al pueblo, sin proscripciones ni condicionamientos, el ejercicio de su soberanía.
Bernardo Neustadt

.....................................................................................................


Si desea enviar un mensaje a Bernardo Neustadt puede hacerlo escribiendo a bernardo.neustadt@gmail.com

ENTREVISTA A ROBERTO LEVINGSTON - 1972

REVISTA EXTRA - AÑO VII - Nº 82 - MAYO 1972
GENERAL LEVINGSTON: DIGA LO QUE PIENSA
Entrevista a Roberto Levingston

Extra: ¿Cree que hubiera sido útil la autoproscripción de Lanusse?

Roberto Levingston: El teniente general Lanusse asumió, en su condición de comandante en jefe del Ejército, la grave responsabilidad de modificar las prioridades de la Revolución Argentina, al reemplazar los objetivos de transformación por una instancia que debía ser la resultante del proceso revolucionario. Me refiero a la institucionalización de la República. En consecuencia, el teniente general Lanusse es el responsable fundamental de la crítica es el responsable fundamental de la crítica situación económica, social y política en que ha sido colocada la Nación luego del 23 de marzo de 1971. No es, pues, un ciudadano más, sino el hombre que gobierna en nombre de las Fuerzas Armadas y cuyos actos deben juzgarse como los de un soldado en actitud de servicio. Hablar entonces de su presunta candidatura es no sólo dañino para la investidura presidencial, sino que resulta indecoroso para las Fuerzas Armadas, en cuyo nombre ha prometido al Pueblo argentino elecciones limpias.


Perón candidato

Extra: En relación con lo anterior, ¿qué opina de la anunciada candidatura de Perón?

Levingston: En primer lugar, no veo dónde reside el punto de comparación con la supuesta candidatura del teniente general Lanusse. Desde el momento en que se abre la instancia electoral, es necesario admitir la acción de los líderes políticos y de los ciudadanos argentinos sin otro condicionamientos que los impuestos por las leyes de la República. En el caso específico del ex presidente Perón, entiendo que han sido eliminadas -por la vía legal correspondiente- algunas situaciones pendientes. Pero aún subsiste el fallo del Tribunal de Honor Militar, cuya vigencia es incompatible con el ejercicio de la presidencia de la Nación, ya que, según nuestra Constitución, el primer magistrado es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas.


El diálogo con Madrid

Extra: ¿Admite el diálogo entre el presidente Lanusse y Juan Perón, con miras a un entendimiento entre el Ejército y un líder político mayoritario?

Levingston: El diálogo es una expresión de convivencia en toda sociedad organizada. Pero luego de las revelaciones del propio representante diplomático argentino en España, han tomado estado público negociaciones cuyos alcances exceden -a todas luces- un simple diálogo. Es evidente que se ha tratado de subordinar al ex presidente Perón a una empresa política -el llamado Gran Acuerdo Nacional- cuya naturaleza y objetivos hemos denunciado desde hace un año. Aparentemente, esa subordinación no se ha logrado. El conocimiento de este intento negociador, afecta, lamentablemente, la imagen de prescindencia y claridad que debe exhibir un gobierno representativo de las Fuerzas Armadas. Por eso, hoy más que nunca es necesario que el Gobierno defina cuáles serán las "reglas de juego" para llegar al comicio y, a partir de allí, se convierta en el árbitro y custodio de la legitimidad y limpieza del proceso.


¿Elección o revolución?

Extra: Hasta el fallido intento de Azul y Olavarría, usted sostenía la necesidad de "profundizar la Revolución" como paso previo al llamado a elecciones. Ahora aparece apoyando la formación de un Movimiento Nacional y reclamando elecciones limpias... ¿No hay una contradicción entre ambas posturas?

Levingston: En absoluto. He sostenido y sostengo que en la Argentina hay una empresa revolucionaria pendiente, uno de cuyos objetivos fundamentales es consolidar en el poder político a esa constante histórica que llamamos el Movimiento Nacional y que no es otra cosa que la revitalización de la alianza cívico-militar que hizo posible la emancipación de la patria y que, a través de nuestra historia, ha levantado siempre las banderas de la soberanía nacional frente a la acción de los intereses antinacionales. El elemento aglutinante del Movimiento Nacional puede ser, en algunos casos, un hecho de fuerza, cuyas medidas de gobierno encuentren eco en las mayorías. En otras ocasiones, la vía para que el Movimiento Nacional se encuentre está en las urnas. Pero está vía debe ser absolutamente limpia. Cuando yo llegué al gobierno existía una situación de fuerza, cuya legitimación dependía -fundamentalmente- de que las Fuerzas Armadas cumplieran con el compromiso revolucionario que habían asumido ante el pueblo argentino. Por eso, hacer o profundizar la Revolución, con medidas concretas, permitiría crear las condiciones para que el Movimiento Nacional surgiera como una respuesta espontánea y favorable de las mayorías frente al proceso revolucionario. Las Fuerzas Armadas habrían merecido el reconocimiento de su pueblo y conquistado la adhesión de los auténticos líderes políticos sin necesidad de componendas, negociaciones oscuras o sometimientos indignos. No hay pues contradicción. El objetivo es siempre el mismo: concretar la empresa revolucionaria pendiente. El instrumento político es siempre el mismo: el Movimiento Nacional cuyas características acabo de describir. Lo único que hemos modificado es la táctica, adaptándola a las circunstancias que nosotros no hemos creado ni deseado, pero que están vigentes.


La economía... esa clave

Extra: El movimiento Nacional aparece como una figura un tanto difusa. Para algunos, por ejemplo, sería el Frente de Liberación propuesto por Perón. Concretamente, ¿cómo definiría usted la acción del Movimiento Nacional en un área vital como la economía?

Levingston: Respecto del Frente de Liberación, no descarto que pueda ser -en esta eventualidad- un elemento aglutinante de los sectores definidos a favor del Movimiento Nacional. Pero eso se verá cuando queden claramente establecidos los objetivos, los alcances y los modos de acción de dicho Frente. En cuanto a la acción del Movimiento Nacional, su objetivo inmediato es desalojar a la contrarrevolución que está en el poder. A partir de ahí, ejecutar el Proyecto nacional, es decir ese nuevo modelo de Argentina a cuyas exigencias deberán someterse los diversos sectores que actúan en el escenario nacional. No se trata de una agresión, sino de una adecuación de los intereses sectoriales al superior interés de la Nación. Ese era el camino que habíamos emprendido aceleradamente durante la corta gestión de mi gobierno, pese a los inconvenientes que todo el país conoce. Se tomaron, entre otras, medidas en sectores clave de nuestra economía para recuperar el control del Estado sobre el ahorro y el crédito, sobre la comercialización de los hidrocarburos, la industria frigorífica, etc. Además, se completaba el cuadro con nuevas realizaciones en materia de energía, siderurgia, aluminio, hidroelectricidad, papel de diario, grandes obras de infraestructura, etc., que contaban con estudiada financiación en un contexto de equilibrio económico-financiero. Además, el Plan Nacional de Desarrollo y Seguridad definía, sin eufemismos, el rumbo que debía tomar nuestra economía, como así el papel del Estado en la actividad privada, de los sectores, de las regiones y del capital extranjero, para terminar con distorsiones y privilegios en el uso del ahorro de los argentinos. La "argentinización de la economía" no fue una proclama partidista de las que abundan en el país, sino un conjunto de medidas concretas, cuya aplicación habíamos comenzado rápidamente. El egoísmo, la miopía de algunos intereses -acostumbrados a imponerle a la Nación su ley de acción- hicieron que la contrarrevolución acelerara sus planes y frustrara nuestra empresa. Aquí no se trata, pues, de decir que haremos esto o aquello. Está a la vista de todos los argentinos una acción de gobierno y un conjunto de medidas concretas que se tomaron entre el 18 de julio de 1970 y el 22 de marzo de 1971. Como iniciación de un proceso de cambio que resulta impostergable y que la mayoría del país reclama.


¿Oposición o resentimiento?

Extra: ¿Cuáles son los motivos de su cerrada oposición al gobierno de Lanusse? ¿Acaso uno es el resentimiento personal?

Levingston: Mi conducta en los episodios del 22 o 23 de marzo ya fue juzgada por el Superior Tribunal de Honor de las Fuerzas Armadas, que me absolvió de culpa y cargo por unanimidad. Pienso que llegará el momento en que los demás protagonistas tendrán que rendir cuenta de sus actos como yo lo hice. Por eso, personalmente estoy ampliamente compensado ante mi conciencia, ante mis pares y ante mis compatriotas, ya que la verdad sale o luz tarde o temprano. Pero como militar, como ciudadano y mucho más como ex presidente de la Nación no puedo guardar silencio ante lo que considero una etapa desgraciada para el país. Por lo que ya ha ocurrido y por las consecuencias que todos deberemos pagar en el futuro. Una semana después de mi destitución califiqué de "contrarrevolución" al gobierno del teniente general Lanusse; denuncié que detrás del Gran Acuerdo Nacional, publicitado con "bombos y platillos", se escondían designios personales y anticipé que por ese camino llegaríamos -a corto plazo- a los umbrales de un enfrentamiento cívico-militar. Ojalá que, por el bien de la República y de su pueblo, me hubiera equivocado. Pero no fue así. Lo que muy pocos creyeron hace un año, hoy es el tema cotidiano de conversación y de honda preocupación de todos los habitantes del país. Objetivamente, los hechos: dijimos que la "contrarrevolución" paralizaría nuestro intento de "profundizar la revolución". Y así fue. El Plan de Desarrollo ha quedado prácticamente desvirtuado y las previsiones financieras deben modificarse cada sesenta días. Las medidas para reorientar el crédito y fortalecer a la banca nacional quedaron abandonadas y los resortes fundamentales del sistema financiero fueron remitidos a los personeros de los centros de poder económico. han sido inútiles todas las manifestaciones de buena voluntad de los llamados sectores nacionales. En un año han transitado varias veces los despachos oficiales, incluyendo el del presidente de la Nación. Y hasta hoy sólo arrancado promesas de un cambio económico, que nunca se concreta, y que en realidad exige una concepción y coordinación global. La devaluación monetaria, el déficit del presupuesto, la taza de inflación, el endeudamiento exterior, los índices de desocupación, la caída del salario real y la reciente recesión económica exhiben en el último año los "récords" más tristes y elocuentes del Gobierno. Los consumidores agredidos toman el camino de la protesta callejera. Y no obstante semejante costo económico-financiero y social, los voceros de los sectores antinacionales -que por mucho menos se desgarraban las vestiduras en épocas pasadas- guardan prudente silencio o se suman al coro de quienes tratan de distraer a los argentinos de sus problemas de fondo. Está es la "contrarrevolución" que denunciamos. Dijimos, también, que el llamado Gran Acuerdo Nacional escondía un designio personal. Hoy la supuesta candidatura presidencial del comandante en jefe del Ejército es un tema de diaria conversación, que parece no asombrar a nadie. Hasta el punto que en algunos niveles de las Fuerzas Armadas se lo analiza como asunto probable y como término de negociación. Más aún: a quienes se oponen a ello se los señala maliciosamente como supuestos golpistas. Pienso que una situación semejante sólo puede darse en el clima de tremenda confusión que estamos viviendo, donde a diario se subvierten valores que hasta ayer creíamos sagrados. Dijimos que en el horizonte de la "contrarrevolución" aparecían los síntomas de graves enfrentamientos cívico-militares. Es muy alto, ya, el tributo de sangre que la Nación está pagando... desde el obrero caído en Mendoza hasta el general de la Nación asesinado en Rosario. Estoy muy lejos de sentirme satisfecho, porque los hechos corroboran, finalmente, mis denuncias y prevenciones. Todo lo contrario. A medida que pasan los días crece mi indignación ante lo que hoy sucede. ¡Parece mentira, en medio de este cuadro que todavía haya quienes pretenden imponerle al país una empresa personal! ¡Es inconcebible que hombres con tremendas responsabilidades se entretengan en discusiones bizantinas sobre utópicos acuerdos o gasten talento en trasnochadas concepciones políticas! Finalmente, resulta inaudito observar, a diario cómo se despilfarran los dineros públicos y se malgastan torrentes de tinta y papel o kilómetros de celuloide para tratar de convencer a los argentinos de que estamos en "el mejor de los mundos" y que nuestros problemas se arreglarán con gestos y buenas palabras. La contrarrevolución ha ganado parcialmente está batalla y el pueblo argentino deberá pagar por ello un costo inmerecido e injusto. Ojalá, sobre los escombros de está derrota, los argentinos no equivoquemos nunca más nuestra trinchera. Entonces, entonces la causa nacional será invencible.
Bernardo Neustadt

.....................................................................................................


Si desea enviar un mensaje a Bernardo Neustadt puede hacerlo escribiendo a bernardo.neustadt@gmail.com